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martes, 17 de mayo de 2011

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lunes, 9 de mayo de 2011

VIDEO: ESPECIAL PIRRY, ALCOHOLISMO

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Estos videos son un especial de Pirry que hace sobre el alcoholismo, tal vez algunos ya lo vieron, sin embargo invito tanto a quienes ya lo abrieron como los que no abrieron, para reflexionar sobre el consumo excesito de alcohol y pensar que si de verdad nos gustaria estar en la situaciones mostrada en el documental

(SI ESTE VIDEO VIOLA DERECHOS DE AUTOR, POR FAVOR AVISARNOS PARA RETIRARLOS DE INMEDIATO)

VIDEO: ALCOHOLISMO

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Este es otro video que nos muestra efectos y consecuencias del consumo excesivo de alcohol. Disfrutenlo y esperamos sus comentarios.

http://video.latino.msn.com/watch/video/alcoholismo/1qx5xlau8

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VIDEO: GENERALIDADES DE MARIHUANA

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Este es un video corto que dicen aspectos basicos sobre las generalidades de la marihuana y nombran algunos de los efectos dañinos sobre el consumidor. Disfruten en el video y esperamos sus comentarios.


http://www.dailymotion.com/video/x9hlvf_marihuana-generalidades_school

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VIDEO: ESPECIAL DE SALUD MENTAL: ALCOHOLISMO

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Los invitamos a ver esta noticia que transmitio el canal RCN sobre el alcoholismo. Esperamos sus opiniones acerca de lo que les llamo la atencion de esta noticia.

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domingo, 8 de mayo de 2011

VIDEO: CONSUMO DE HEROINA

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Este video muestra los efectos fisiologicos, problemas sociofamilares y medicos que provoca el consumo de heroina. Sera que, ¿valdra la pena sufrir estos efectos por el consumo de algo sumamente inecesario? yo estoy absulutamente seguro que no, ¿Que opinan ustedes?...


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VIDEO: CRONICAS DE UN DROGADICTO

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En este video deseamos mostrarles el testimonio de dos colombianos quienes por curiosidad empezaron a consumir psicofármacos y que con el paso del tiempo…. lo perdieron todo. También buscamos que reflexionen sobre las imágenes que muestra el video. Esperamos los comentarios sobre lo que llegaron a reflexionar de este video.


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VIDEO Efectos del alcohol

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En este video podemos evidenciar de forma muy resumida algunos aspectos fisiopatologicos junto a los efectos que produce el alcohol en el SNC. Esperamos que sea de su agrado.

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sábado, 7 de mayo de 2011

El Problema dEl consumo DE SustAncIas PsICoactivas.

EL PROBLEMA DEL CONSUMO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS


Están plenamente demostradas las alteraciones psicosomáticas que se experimentan como consecuencia de la ingestión de narcóticos; cada una de estas drogas ejerce una acción que de una forma directa o indirecta afectan al consumidor en sus actitudes, sus creencias, su personalidad y su conducta y pueden facilitar la realización de algunos actos que en condiciones de no ingesta del producto, tal vez, no serían llevados a cabo.

Nuestro país ha sobre penalizado estas sustancias ilícitas, debido sobre todo a la presión que ejerce la comunidad internacional en la lucha contra el  narcotráfico, lucha que comienza contra el poderío económico y el terrorismo derivado del tráfico, pero luego se desvía hacia el consumidor que termina muchas veces equiparado al delincuente narcotraficante, de tal manera, que la justicia colombiana termina penalizando no solo la producción y la exportación sino hasta el consumo, atentando contra las libertades individuales.

Frente al problema del consumo de SPA, del abuso y de la dependencia a las sustancias abordaremos algunas teorías que explican el porqué del consumo, cómo se convierte en un hábito y cómo genera dependencia. Estas teorías deberían ser más tenidas en cuenta en la formulación de políticas de revención
y rehabilitación.

Es innegable la tradición que en muchas sociedades representa el consumo de sustancias psicoactivas, el cual puede estar asociado a prácticas socioculturales e incluso religiosas como es el caso de algunas comunidades indígenas de nuestro país.
En algunos rituales el consumo puede, incluso, poseer la connotación de sagrado. Pero, contextualizando en el grupo objeto de nuestra investigación, estamos convencidos de que muy pocos de esos consumidores condenados por algún tipo de infracción a la ley penal, han consumido algún tipo de sustancias como un acto sagrado. Así que no utilizaremos esta concepción
de la droga para justificar el consumo, pero tampoco caeremos en el extremo de la satanización, ni de la represión.
Lo que intentamos es reconocer unas características psicológicas comunes, que lejos de discriminar o establecer prejuicios frente a los consumidores, nos permitan con bases sólidas plantear directrices tanto de prevención como de intervención.

LA ADICCIÓN COMO ENFERMEDAD CEREBRAL

Las bases neurológicas de la dependencia a las drogas están casi comprobadas. Se habla de una alteración en los niveles de dopamina  (neurotransmisor del sistema nervioso central, responsable de funciones, emociones y sensaciones de placer) en determinadas áreas cerebrales como principal causante de adicción. El fenómeno fundamental que conlleva a un individuo a convertirse en adicto es un fenómeno biológico, por lo tanto los principios subyacentes que describen la vulnerabilidad o la propensión a volverse adicto son universales.
No hay duda de que hay diferencias individuales en las experiencias de consumo de drogas, y que no todos se convierten en adictos con la misma facilidad, unos lo hacen con marcada rapidez, mientras que otros no tan rápidamente. Esto dependerá seguramente de los genes y de otros factores como el ambiente, el contexto social y la persona misma.

La predisposición a la adicción a la heroína o a cualquier otro opiáceo puede ser hereditaria. Se ha encontrado en varios adictos un gen que codifica el uso de dopamina en el cerebro. Por años los científicos han tratado de profundizar en esta hipótesis pero no tenían las herramientas necesarias para hacerlo.
Ahora son varios los genes de dopamina que se han relacionado tentativamente al abuso de las drogas y el alcohol (especialmente D2 y D4). Variaciones hereditarias en estos genes modifican la eficacia con la que las neuronas procesan dopamina; como consecuencia, los científicos especulan acerca de la posibilidad de que un gen supereficiente transportador de dopamina “limpie” la dopamina de la sinapsis de manera extremadamente rápida. Puede ser este un factor que predispondríama algunos individuos al consumo de sustancias.

La mayoría de las drogas adictivas mayores, así sean estimulantes como la cocaína o depresores como la heroína, imitan la estructura de los neurotransmisores. Los neurotransmisores son las sustancias que subyacen o que “están detrás” de cada pensamiento, de cada emoción, de los procesos de aprendizaje y de la memoria; ellas elevan las señales entre todas las células nerviosas del cerebro. De los 50 aproximadamente neurotransmisores descubiertos hasta hoy, una buena cantidad, incluyendo a la dopamina, juega un papel importante en las adicciones.

MODELO PSICOANALÍTICO

El psicoanálisis ha propuesto diferentes explicaciones en las cuales el factor común será un trastorno emocional subyacente, y la ingestión del producto tóxico será solo una manifestación.
Es decir que la toxicomanía no sería una enfermedad sino el síntoma más visible de esta. Las hipótesis psicoanalíticas pueden resumirse en cuatro posiciones diferentes (Vallejo J.1991).

1. La fijación oral. La droga disminuye la tensión y reduce el miedo en una tentativa de retornar al estado confortable del vientre maternal.
2. La angustia de castración.
3. Una manifestación hostil de la sociedad en la cual el sujeto descarga el odio que ha acumulado contra el padre.
4. La homosexualidad latente que se satisface durante el efecto del producto.
En este modelo se hace énfasis en una estructura de déficit narcisístico. La seguridad de base será establecida de una manera deficiente a causa de la falta de sostén de los padres (principalmente de la madre) y las identificaciones primarias serán bastante frágiles.
La distribución de la psicopatología en neurosis, psicosis y perversiones no es suficiente para explicar las conductas toxicomaníacas,  ya que el toxicómano se sitúa en una relación preedípica en la cual dos personas participan, pero solamente una de ellas es importante.

El uso de sustancias psicoactivas también es visto como consecuencia de la utilización del mecanismo de defensa de la introyección.
Cuando una persona usa básicamente este mecanismo nos encontramos con problemas de drogadicción pero también, por ejemplo, de obesidad. Estos comportamientos son vistos como típicos de las personas que tienden a  tragarse el mundo y no lo digieren, buscan continuamente marcos de referencian y establecen relaciones de dependencia que justifican su modo de ser  (Carmona 1995).

Tipos de consumo de SPA

Es necesario precisar que, desde el punto de vista de su desarrollo temporal, el consumo de SPA puede ser algunas veces único, algunas veces episódico y otro repetitivo. Desde el punto de vista de sus implicaciones sociales, puede ser solitario o colectivo. Entonces, pueden existir dos tipos de aproximaciones al producto:

El uso recreativo

En estos casos el consumo no es ni un estado definitivo ni una estructura sino un síntoma. Es una práctica que permite a los jóvenes con crisis de identidad adoptar la del toxicómano independientemente del producto. El uso simple es un consumo que no representa complicaciones para la salud ni trastornos
de comportamiento con consecuencias nocivas para otros. Son frecuentes los casos de adolescentes que experimentan por curiosidad, para divertirse o para imitar a los otros. La mayoría de las veces se trata de consumos ocasionales y moderados que conciernen un número importante de usuarios de alcohol.

El uso nocivo

El uso nocivo o problemático es un consumo susceptible de provocar daños físicos, psíquicos, afectivos, psicológicos y sociales para el consumidor y para su ambiente próximo o lejano. Este uso no está ligado únicamente a la cantidad consumida en una sola vez ni a la repetición de un consumo moderado y controlado de ciertas sustancias. Los riesgos tienden al peligro específico del producto, a los daños para la salud y a las consecuencias sociales del consumo.
Los riesgos para la salud (riesgos sanitarios) incluyen una deteriorización del estado físico, la complicación de ciertas enfermedades, algunas muertes prematuras, y los riesgos para la vida cotidiana (riesgos sociales) implican situaciones donde el consumo y sus efectos pueden ocasionar un peligro,  entrañan daños para sí y los otros.







EL CONSUMO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS EN COLOMBIA

El consumo de sustancias psicoactivas se ha convertido en un problema de salud pública, según lo refiere la Política Nacional de Salud Mental. Se debe tener en cuenta que drogas tradicionalmente consumidas en el exterior se están utilizando con furor en Colombia, como el éxtasis, especialmente en jóvenes de estratos sociales altos.
Con el objetivo de proveer información que permita planear y evaluar programas de prevención, se realizó el tercer estudio de la Dirección Nacional de Estupefacientes sobre el consumo de SPA en Colombia año 2002. La prevalencia del consumo de sustancias se encuentra distribuida así:
El consumo alguna vez en la vida de cualquier sustancia ilegal (marihuana, cocaína, bazuco o heroína) fue de 5,9%. Estimado en más de un millón cien mil hombres (11,4%) y casi 300 mil mujeres (1,9%) (Dirección Nacional de Estupefacientes 2002).


ALCOHOL

Aproximadamente 9 de cada 10 personas manifestaron haber consumido algún tipo de licor por lo menos una vez en su vida. La prevalencia de consumo, según edad y sexo, revela que el consumo en hombres es significativamente mayor al de las mujeres. El nivel de consumo del grupo de menores de edad, entre 12 y 17 años, alcanza el 66,2%. La mayor proporción de consumo de alcohol se presentó entre personas con mayor nivel educativo y residente en las grandes ciudades (Dirección Nacional de Estupefacientes 2002).

En general, en los últimos años, se encuentra un incremento del consumo por parte del género femenino que puede relacionarse con la mayor aceptación hacia la participación de la mujer en espacios sociales y recreativos que anteriormente exigían más control en el consumo de bebidas.

La edad de iniciación está en el grupo de 12 a 15 años, y recientes estudios constatan hábitos de consumo frecuente en escolares de 8° y 9° (Ministerio de Protección Social 2005).Es importante tener en cuenta estos datos, ya que la literatura refiere que la temprana iniciación se comporta como predictor de consumo problemático asociado con el policonsumo y la violencia juvenil.

Las políticas encaminadas al control del alcoholismo se han dirigido al control de la venta a menores de edad y a mujeres en estado de gestación, y al establecimiento del horario de trasmisión de publicidad relacionada con alcohol y tabaco; estas medidas resultan innecesarias de acuerdo a los índices elevados que muestra el consumo.

Con respecto al tratamiento se resaltan acciones a nivel de organizaciones no gubernamentales como Alcohólicos Anónimos que actúa con efectividad en la rehabilitación de individuos en más de 160 países. De esta organización existen solamente en Bogotá 91 grupos sin ánimo de lucro que brindan apoyo a personas en estado de alcoholismo y a sus familias.

MARIHUANA

La marihuana juega un importante papel en la epidemia del consumo de sustancias; es la droga ilegal de mayor consumo en los jóvenes, tanto en el país como en el ámbito mundial. Con respecto a esta sustancia es importante mencionar el desconocimiento de sus efectos reales; es frecuente que las personas describan la marihuana como poco peligrosa ya que no produce adicción.

En Colombia la marihuana es la sustancia ilícita de mayor consumo, y los jóvenes de zonas urbanas los más vulnerables (Caracol, cadena radial, 27 de junio de 2003). De acuerdo con la Dirección Nacional de Estupefacientes, el 5,4% de las personas entre 12 y 60 años la habían probado alguna vez, en tanto que para Rumbos en el 2001 el 8,9% de jóvenes entre 10 y 24 años la habían consumido alguna vez; las mujeres tienden a igualar ese  comportamiento y que la demanda de nuevas sustancias de origen químico industrial tiende a aumentar.

BAZUCO

El consumo del bazuco fue iniciado en el Perú, y su consumo se ha dado en Colombia en forma epidémica. Se asocia con individuos que habitan en la calle, dado el costo y la calidad de la sustancia.

INHALABLES

Las sustancias inhalables son frecuentemente usadas en Colombia por los niños de la calle para mantenerse despiertos o alerta, o al contrario para lograr dormir, eliminar el dolor físico o emocional, o para reemplazar la ingesta de alimentos. Esta sustancia es la más usada por estos menores por su bajo precio y alta disponibilidad; por ejemplo, el pegante se consigue en áreas donde la zapatería es común, los solventes en las áreas industriales.

El uso de drogas entre las personas de la calle se relaciona estrechamente con otros problemas de salud y comportamientos de riesgo como la prostitución, la explotación sexual y el sexo inseguro, práctica que ha contribuido a una incidencia creciente de HIV/SIDA entre este grupo en particular. El consumo alguna vez en la vida de inhalantes, como algunos solventes y pegantes, se estima en unas 873 mil (3,8%), 318 mil de ellos pertenecen al grupo de 12 a 17 años, unos 240 mil residen en las grandes ciudades y 315 mil tienen secundaria incompleta.

Respecto a la percepción que tiene la población con respecto al acceso a las sustancias, se encontró que aproximadamente el 44% considera que resulta fácil conseguir marihuana para el consumo, lo mismo opina el 37% con respecto a consumir bazuco; el porcentaje disminuye al 24% cuando se trata de la cocaína, al 13,5% al indagar sobre la heroína. Cerca del 19% de la población opina que el alcohol no es, o es poco perjudicial para la salud. Un porcentaje similar considera lo mismo con respecto al consumo de cigarrillo (Dirección Nacional de Estupefacientes 2002).


FACTORES PREDISPONENTES

En Colombia se encuentran algunos factores de riesgo específicos resultado de las dinámicas sociales y políticas por las que se encuentra atravesando el país. Así, buena parte de la población colombiana se encuentra en riesgo de ver comprometida su salud mental, y en virtud de la confluencia de una amplia serie de factores, la probabilidad de sufrir algún tipo de alteración como consecuencia del uso de sustancias psicoactivas se ve multiplicada.

Prueba de esto es el Tercer Estudio Nacional de Salud Mental, realizado en Colombia en el año de 2003 el cual contiene datos que pueden interpretarse como factores de riesgo específicos: la prevalencia de cualquier trastorno por uso de SPA es 20.8% en hombres y de 2.6% en mujeres.

En Colombia, tal vez debido a la difícil situación que atraviesa el país, la prevalencia de cualquier trastorno es muy alta: 40.1% de la población, lo que significa dos de cada cinco personas presenta al menos un trastorno mental en algún momento de su vida (Ministerio de Protección Social 2003); en los últimos 12 meses, el índice es de 16.0% y en los últimos 30 días es de 7.4%. Todas estas cifras son alarmantes. Los trastornos más frecuentes son los de ansiedad 19.3%, los afectivos 15.0% y los trastornos por uso de sustancias. Entre los hombres el abuso de alcohol es el problema más común, en tanto que para las mujeres la depresión es mayor.

El estudio también discrimina por regiones. Bogotá es la que presenta la prevalencia más elevada de trastornos alguna vez en la vida 46.7%; la región Pacífica muestra la prevalecía más elevada de trastornos afectivos en los últimos 30 días con 2.7%; Bogotá y la región Pacífica muestran la prevalencia más elevada de trastornos de ansiedad con 6.7%; y la región Pacífica para trastornos por uso de sustancias 1.8%.

Por último, el consumo de SPA como marihuana, cocaína y bazuco en Colombia no difiere marcadamente de los resultados sobre consumo de estas drogas en países como Ecuador, Bolívar y Panamá; sin embargo, sí existe una gran diferencia de consumo entre los países latinoamericanos y los Estados Unidos, en donde el consumo es mayor. 

ALCOHOL

La intoxicación si se llega a 300 mg/dl puede provocar delirium.En el consumo crónico se ha descrito un doble riesgo de coomorbilidad con otros trastornos psiquiátricos: depresión, ansiedad, celotipia, alucinaciones.

La intoxicación idiosincrásica es un cuadro controvertido que puede aparecer con pequeñas cantidades, puede durar varias horas, terminando con una fase de sueño prolongado con amnesia posterior. La abstinencia puede presentarse de 4 a 10 horas después de la disminución o supresión de la ingestión del alcohol. El riesgo persiste de 7 a 10 días. Entre los factores que pueden predisponer o agravar los síntomas se encuentran la fatiga, la malnutrición, la enfermedad física y la depresión.
Por último, en sujetos alcohólicos el delirium tremens es una emergencia con alta morbimortalidad. El riesgo es mayor cuando existen enfermedades médicas asociadas (infecciones, traumatismos craneales, malnutrición) o cuando el consumo ha sido muy prolongado.

COCAÍNA

Los efectos son en general inmediatos pero breves (de 30 a 60 min)  necesitando repetir la dosis para conseguir los mismos efectos. La intoxicación produce euforia, aumento de la sociabilidad, la hiperactividad psicomotora, conductas potencialmente peligrosas y violentas, delirium, trastornos perceptivos, reacciones psicopáticas paranoides y síndromes maníacos.

En la abstinencia por un período entre 18 horas y 7 días a veces se da una reaparición de los síntomas tras una mejoría inicial. En todo caso, lo más usual es que el estado psicopático desaparezca luego de la suspensión de la ingestión de la cocaína en un período que varía entre tres días y tres semanas; eventualmente los trastornos psicóticos se mantienen durante varios meses y algunos autores consideran que pueden incluso llegar a ser permanentes.

ALUCINÓGENOS

Los primeros síntomas de la intoxicación aparecen a los minutos o pocas horas del consumo inicial. Los efectos máximos ocurren a las 2 ó 3 horas del consumo y terminan en pocas horas o días.

Se produce ansiedad, euforia o depresión marcada, un miedo a perder el control y crisis de pánico, alteraciones perceptivas diversas: percepciones muy intensas, enlentecimiento del tiempo vivido, desdoblamiento de la imagen corporal, alucinaciones (sobre todo visuales), trastorno perceptivo persistente conocido como flashback, consistente en una reexperimentación de síntomas perceptivos, la reminiscencia de intoxicaciones previas, permaneciendo intacto el sentido de la realidad. Esto ocurre entre el 15 y el 50 % de los consumidores de alucinógenos tras el abandono del consumo y pueden perdurar por años.

CONCLUSIONES

Existen muchas teorías etiológicas acerca del consumo de SPA. Algunas hacen énfasis en la adicción como una patología cerebral, relacionada con la escasez de receptores dopamina, neurotransmisor relacionado con las funciones motrices, las emociones y los sentimientos de placer. La dopamina, puede ser la causa por la que las personas obesas se aferran a la comida, asícomo los alcohólicos a la bebida y los drogadictos a las drogas, según el resultado de investigaciones realizadas por científicos estadounidenses, de tal manera que puede que los adictos consuman SPA para estimular los circuitos cerebrales del placer que en ellos son escasos. Otras teorías como la psicoanalítica o la conductual se centran en las experiencias y el aprendizaje temprano como causa de las conductas adictivas.


Las consecuencias derivadas del consumo abusivo de SPA, incluye desde la psiopatalogía, donde se registran casos de psicosis alucinatorias, delirum, crisis de pánico, apatía, depresión y alteraciones del sueño, así como trastornos sexuales y episodios violentos.

El problema del abuso de este tipo de sustancias está constantemente extendiéndose a nivel internacional pero también en nuestro país, donde a pesar de que no existen estudios que establezcan con regularidad los índices de consumo (el último gran estudio sobre consumo en Colombia data del 2001), se ha dicho que la edad de iniciación es cada vez más temprana y que los jóvenes de hoy consumen más, según indica un informe del Ministerio de Protección Social del 2005.

El problema más grande es que en nuestro país el tema siempre ha estado desarticulado y falta una política integral que incluya: promoción de la salud y prevención de consumo; tratamiento, rehabilitación y reinserción social; investigación y sistemas de información, primero que medidas que solo buscan satisfacer las disposiciones internacionales en materia de control del narcotráfico.

RESTREPO ATUESTA MF. El problema del consumo de sustancias psicoactivas en: Grupo de investigación en violencia, criminalidad y familia en la costa caribe colombiana/universidad simón bolívar. Colombia. 2008 pg 1-24.




CoNsUmO dE pSiCoAcTiVoS En CoLoMbIa

CONSUMO DE PSICOACTIVOS EN COLOMBIA: 
SITUACIÓN ACTUAL...



Autor Manuel Fernando García



CONSUMO DE PSICOACTIVOS EN COLOMBIA: SITUACIÓN ACTUAL, ELEMENTOS PARA DISCUSIÓN Y PERSPECTIVAS DE ACCIÓN



RESUMEN



Se describe el consumo de sustancias psicoactivas en Colombia para luego extrapolar estos datos a situaciones reales que permitan estimar los costos que ocasiona en el sistema de salud. También se recapitulan las particularidades que hacen diferente al consumo colombiano de los estándares internacionales y se exponen algunos de los problemas que han permitido una conjunción del narcotráfico con la cotidianidad, y generado como última consecuencia un aumento en la permisividad frente al tráfico y consumo de estupefacientes. Por último, hace énfasis en la variedad de programas aplicados y los factores necesarios para el triunfo de una política preventiva.





PALABRAS CLAVES



Agentes Psicoactivos, Drogas Ilícitas, Prevención y Control, Tendencias, Colombia.



Debido al impacto social y la presión internacional que ha generado el narcotráfico, Colombia ha aprendido a identificarse como un país exportador de sustancias psicoactivas ilícitas. Esta coyuntura sumada a la guerra política, la corrupción y las frecuentes crisis económicas no sólo ha llevado a que se lo identifique como uno de los países más violentos del mundo, sino también a que entre nosotros siempre se observe una especie de vergüenza o malestar asociado al hecho de ser colombiano. 

Somos exageradamente hospitalarios con lo extranjero y esta situación aumenta nuestra probabilidad de renunciar fácilmente a los valores propios y las raigambres auténticas para sustituirlos por otros que se asumen aún cuando no se entiendan. Esto ha ocasionado que en los últimos cuarenta años hayamos perdido las rígidas identidades regionales del siglo XIX para adoptar patrones extranjeros en las estructuras económica, religiosa, familiar, sexual y educativa, originando que mucha de nuestra cultura actual esté llena de artificialidad e imitación; entre esas ‘herencias' importadas desde el norte se encuentra el consumo moderno de psicoactivos,que poco tiene de relación con la utilización milenaria de sustancias alucinógenas por parte de los indígenas, o el consumo de chibcha que se mantuvo hasta la primera mitad del siglo XX, antes de que los médicos salubristas lograran reemplazarlo por el consumo de cerveza (Pérez, 1994). 

Es por esto que resulta importante describir el estado de la situación sobre el consumo de sustancias psicoactivas en Colombia, intentando indagar cuáles son sus características y el costo que por este concepto debe afrontar el sistema de salud. Asimismo, también vale la pena explorar algunos de los problemas que ha implicado desarrollar una estrategia para prevenir el consumo, así como algunas perspectivas futuras relacionadas con esta problemática.



En primer lugar, hay que aclarar lo que se entiende por sustancias psicoactivas (SPA): se refiere a todas aquellos compuestos químicos que pueden ejercer una acción sobre el sistema nervioso central y que tienen la capacidad de producir transformaciones psíquicas, bien sea aumentando o disminuyendo el tono y el funcionamiento, o modificando los estados de conciencia (Pérez, 1994). Desde los años ochenta, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha propuesto esta definición para reemplazar una serie de términos confusos como “lsquo;drogas', “lsquo;fármacos', “lsquo;estupefacientes', etc. En ella están incluidas no sólo las sustancias ilegales (como la marihuana, la cocaína, heroína y demás), sino también las sustancias legales como el alcohol, el tabaco, los inhalantes y los medicamentos.


En resumen, el término psicoactivo se le aplica a todo lo que estimule la psique. Lo normal es que esta estimulación atraiga al ser humano, porque el cerebro gusta de todo lo que lo active y le llame la atención; esta es la razón por la cual el consumo de estas sustancias es tan viejo como el mismo ser humano. La cuestión radica en que así como logran ser estimulantes, al actuar sobre los moduladores de la conducta humana en el cerebro, también tienen efectos sobre otros sistemas, como el respiratorio o el circulatorio, y esto genera las llamadas muertes por “lsquo;sobredosis'. Ahora bien, la principal razón por la que estas sustancias se constituyen en un problema sanitario no es el riesgo de muerte sino su capacidad para generar altos niveles de dependencia que alteran del desarrollo vital de la persona, ocasionando no sólo degeneraciones en su estado de salud, sino también a nivel afectivo, económico y social. 


Desde finales de los años sesenta y principios de los setenta ya era común el consumo de SPA, inicialmente entre los grupos intelectuales y de clases media - alta para posteriormente irse popularizando entre las clases más bajas, especialmente después del establecimiento de las primeras redes de narcotráfico (Pérez, 1994). A pesar de esto, nunca hubo un interés gubernamental serio por conocer cuál era la situación del consumo de drogas hasta finales de

los años ochenta, y sólo hasta 1.992 la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE) ordena la elaboración de un estudio epidemiológico nacional. De alguna manera, esta demora es un reflejo del trabajo que nos ha costado convencernos de que, así como somos productores también somos grandes consumidores. En el ámbito gubernamental esta situación siempre se ha mirado con mucho escepticismo y congoja, ya que implicó que el país no sólo debía combatir el tráfico de estupefacientes hacia los países industrializados, sino que también había que aterrizar el problema del uso nacional de drogas para conocer su verdadero “lsquo;estado de salud'. Además del citado estudio de 1.992, se han realizado dos más, en 1996 y en el 2001, este último en jóvenes escolarizados de 10 a 24 años.



SITUACIÓN ACTUAL DEL CONSUMO



A partir de estos estudios, ¿qué se puede decir respecto al consumo nacional? Que Colombia no sólo tiene un grave índice de utilización de psicoactivos ilegales, sino también de sustancias lícitas. A continuación se presenta un resumen del informe presentado por el Observatorio de Drogas (DNE, 2004): 


- El alcohol es la sustancia más consumida en el país. En 1996 se obtuvo que el 72.5% de los hombres y 51.4% de las mujeres habían tomado alcohol alguna vez en la vida; la encuesta del 2001 arrojó que el 83% de los jóvenes estudiantes ya lo había probado, y que éste llegaba al 94.8% entre los jóvenes universitarios. Aquí, la diferencia entre hombres y mujeres es prácticamente insignificante, teniendo como constante que una gran proporción se inicia cuando son menores de edad y beben hasta alcanzar estados moderados o severos de embriaguez.


- Respecto al tabaco, pareciera que existe una tendencia general a la disminución, en cuanto en 1992 el porcentaje de fumadores activos fue 25.8%, en 1996 estuvo en 21.4% y en 1998, en otro estudio nacional comparable, fue de 18.9% (Ministerio de Salud, 1999). Sin embargo, la encuesta en jóvenes arrojó una prevalencia de 29.8% entre los estudiantes de 10 a 24 años, lo que indica que 1 de cada 3 jóvenes tiene el hábito de fumar, con inicio promedio de 13 años. Para hacer una comparación frente a otros países, esta proporción de fumadores jóvenes es 1.1 veces menos que en los países del Cono Sur, pero 1.3 veces más que en Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), 2.3 veces más que en la Región Andina y 2.7 veces más que en América Central. (Rojas, 2000).


- La marihuana es la sustancia ilícita de mayor consumo, con una porcentaje de 5.4% en las personas entre los 12 y 60 años, seguida por la cocaína, con una prevalencia de 1.6% y el bazuco, con 1.5%. Debido a la creencia de que la heroína y el éxtasis eran eventos novedosos y escasos en 1.996, no fueron investigados. En la encuesta de jóvenes escolarizados, un 11.7% afirmó haber utilizado alguna vez en la vida marihuana, cocaína, bazuco, heroína o éxtasis, habiéndose iniciado en el consumo entre los 15 y 19 años, principalmente.



Estos datos nos sirven para mostrarnos que, en Colombia, el abuso de sustancias no es algo que pueda reducirse a grupos de intelectuales o marginados sociales, como se pensaba en los años ochenta: para 1996 se estimó que 384.114 personas fumaron bazucó, 409.722 consumieron cocaína, 1'382.810 marihuana, además de que hay 6'606.760 fumadores de tabaco y 15'863.907 de bebedores. Esto asumiendo cifras ideales, sin considerar el número de personas que se negaron a contestar y que el método de recolección de datos fue la visita domiciliaria, lo cual genera un subregistro para la población indigente, los desplazados, aquellos que no tienen una residencia estable y otros casos especiales como personas en hospitales o recluidas en centros penitenciarios, así para los 50.000 combatientes enrolados en los grupos armados ilegales.



Ahora, vale la pena preguntarse si estos consumos realmente afectan el estado de salud de los colombianos, y cuánto representa esto en costos de prestación de servicios de salud para las distintas entidades. En 1998, se adelantó un estudio sobre la relación entre trauma y alcohol en Bogotá, recogiendo los datos en el Hospital Kennedy, que atiende a una población de dos millones y medio de habitantes, y su principal grupo de atención se encuentra en los estratos 1, 2 y 3. En un solo mes (septiembre de 1.998), ingresaron al servicio de urgencias 3.065 traumatizados.



 De ellos, el 70% eran adolescentes y adultos jóvenes que tenían entre 15 y 40 años, las edades de mayor productividad para las personas. En un país con una expectativa de vida de 70 años, cada muerto o discapacitado a esa edad pesan en el Producto Interno Bruto de la Nación, porque se pierde el potencial productivo de esa persona durante más de 30 años; eso mirándolo solamente desde una perspectiva económica. 

 El 53% de los lesionados presentó altas tasas de morbilidad o mortalidad, lo que significó incapacidades mayores a 30 días, con un alto costo para el sistema de salud. Y pasar más de 30 días hospitalizado también representa una mayor probabilidad de fallecer, sin embargo, la mayoría no muere de inmediato: cada día que un paciente se intenta morir hay que reanimarlo, y para ello la persona debe permanecer en una unidad de cuidado intensivo, en donde la atención oscila entre los 2  millones y 10 millones de pesos diarios. Si consideramos que, en general los pacientes politraumatizados permanecen de 10 a 20 días en promedio, atender una sola persona herida podría costar entre 10 y 200 millones de pesos... ahora, ¿cuánto cuesta atender a 3.065, que son los pacientes que recibió un hospital de tercer nivel de Bogotá en un solo mes?, ¿Y cuánto cuestan todos los traumatizados de una ciudad, si consideramos que bien puede haber desde 4 o 5 hospitales de nivel 3 (como es el caso de Cali) hasta 10 u 11, como es el caso de Bogotá? 

Todo este dinero debe sacarse del Sistema General de Seguridad Social en Salud. Para hacer un contexto rápido podemos citar las proyecciones del Departamento de Planeación Nacional, quién estimó que si se considera el costo asociado a la pérdida de productividad por muertes, atención de emergencias y solicitudes de tratamiento relacionados solamente con el abuso de cocaína, los colombianos, en conjunto (inclúyase aquí al Estado, los usuarios y el sector productivo), tuvieron que pagar cuentas que para el 2003 ascendían a los 14.890 millones de pesos (unos 5.5 millones de dólares) (Vergara, 2003). Ahora, si  consideramos que el número de bebedores de alcohol es 38 veces más que los consumidores de cocaína, fácilmente podríamos esperar que esta cifra, a lo menos, se duplique o cuadruplique. 

No es gratuito que el gasto en salud como porcentaje del PIB haya aumentado del 3% en 1993 al 13% hoy en día, a pesar de que se han logrado importantes avances en la prevención de la mayoría de enfermedades infecciosas y el tratamiento de enfermedades crónicas.



Ahora, debemos considerar que al menos un 10% de quienes sufren lesiones externas están desempleados (Instituto CISALVA, 2004). Para nuestro sistema de salud esto implica que muchos de ellos seguramente no estarán en el régimen contributivo (donde los trabajadores aportan parte de sus ingresos para costear los gastos de salud). Como el 60% de la población colombiana reside en estratos 2 y 3, hay una gran probabilidad de que estos desempleados no

posean régimen subsidiado total, sino algún tipo de subsidio parcial o, en el peor de los casos, no se encuentran afiliados a ningún régimen de salud, por lo que tendrían que asumir el 100% del costo. Pero como la persona está desempleada no tiene manera de pagarlo, y luego empieza la pelea entre el usuario para que no le cobren más de lo que puede pagar y el hospital, que no tiene quién le responda por los gastos. Y nos encontramos con una diáspora de tutelas (40.000 por año para asuntos relacionados con la prestación de servicios de salud) y con un cementerio de hospitales cerrados por inviabilidad financiera.



¿Por qué es tan importante todo esto? Porque a todos esos 3.065 lesionados, durante un mes en un solo hospital de Bogotá, se les diagnosticó el estado de embriaguez mediante examen médico y pruebas de alcohol en sangre y se determinó que 2.544 presentaban más de 50 miligramos de alcohol por decilitro de sangre, lo cual representa una embriaguez moderada o severa (niveles II y III). Palabras más, palabras menos, de esos 3.065 lesionados, el 83% estaba emborrachado. Claro está, borracho según el Código de Procedimiento Penal  Colombiano, que considera que una persona está embriagada cuando tiene más de 50 miligramos de alcohol en la sangre, que en términos prácticos, equivaldría aproximadamente a que un adulto hombre consumiera unas 10 cervezas; en los Estados Unidos o Noruega, se considera que la embriaguez ocurre a niveles superiores de 20 mg/dL (equivalentes a unas 4 cervezas), y una prueba de alcoholemia por encima de este nivel es suficiente para aplicar una sanción punitiva.



Cuando se indagó sobre las causas de los traumas, se encontró que estos se debían  principalmente a los accidentes de tránsito y las lesiones por armas de fuego o cortopunzantes. Esto muestra que las personas ebrias no sólo tienen una mayor propensión a los accidentes, sino también a cometer acciones violentas. Asimismo son mucho más vulnerables a la acción de los delincuentes. Pero no todas las lesiones fueron de forma violenta; también encontraron otras estadísticas curiosas:



El 9% de los lesionados se había caído de su propia altura, porque iba caminando por el andén y se tropezaron, o iban caminando y cayeron a la alcantarilla, o iban caminando y se estrellaron con un poste. Porque los borrachos dicen que ven doble. El 6% eran accidentes de trabajo. ¿De qué tipo? El de un obrero de la construcción que se cae del andamio del séptimo piso; el de uno que trabaja con madera y se le va la mano en la sierra; el de uno que trabaja en la ladrillera y se cae en el horno donde se cuece el ladrillo. Y esas lesiones eran, sobre todo, viernes en la tarde, sábado y lunes en la mañana, los días de mayor ingestión de bebidas alcohólicas. (Uribe, 2002).



Pero la principal preocupación fue que el 20.43% de estos lesionados eran menores de edad. A pesar de que en Colombia hay leyes para todo, no se cumplen. En su momento, medidas restrictivas como el cierre de establecimientos públicos entre 3 y 6 a.m. (popularmente llamada Ley Zanahoria) y el toque de queda para menores de edad después de las 12 p.m. fueron útiles, principalmente porque disminuía, más que la cantidad, la severidad de las lesiones: no es lo mismo atender el accidente de un paciente medio ebrio a 1 a.m., que el de otro completamente embriagado a las 5 a.m. Sin embargo, a medida que ha pasado el tiempo estas medidas han perdido eficacia, no sólo por la presión negativa que se les ha hecho desde los medios de comunicación y por los dueños de los establecimientos nocturnos, sino también porque las personas empiezan a adoptar patrones de consumo diferentes. 

Por ejemplo, en Cali ha sucedido una situación particular: al comparar la tasa de homicidios del año 2003 frente a los dos años anteriores, se encontró una reducción significativa de crímenes en la franja comprendida entre las doce de la noche y las tres de la madrugada (se pasó de 269 muertes en el 2001 a 65 en el 2003). Sin embargo, a medida que ocurrió esta disminución también fue aumentando la cantidad de homicidios que se ejecutaban entre las nueve de la noche y medianoche (pasando del 17.5% en el 2001 al 23% en el 2003), lo que muestra como, ante el hecho de que cierren los establecimientos más temprano, las personas también empiezan a emborracharse y cometer crímenes más temprano (Instituto CISALVA, 2004).



Por otra parte, estas evaluaciones de los hechos violentos permiten mostrar que no sólo se relacionan con alcohol sino también con el consumo de psicoactivos ilegales. En Bogotá, por cada 300 lesionados que llegaron a los hospitales públicos, 63 tenían restos de marihuana en la orina. En Cali, el Instituto Nacional de Medicina Legal realizó un estudio para estimar la presencia de sustancias psicoactivas en los cadáveres de las personas que murieron de forma violenta desde 1998 hasta el 2002, y se encontró que un 23.7% de los cadáveres tenía rastros de alcohol, un 29.2% había consumido SPA ilegales y un 31.9% había mezclado drogas con alcohol. De estos casos, lo más llamativo fue que la mitad de los suicidios, la tercera parte de los asesinatos y la quinta parte de los accidentes de tránsito involucran el uso de psicoactivos, tanto legales como ilegales (Bravo, 2005). Es por esto que cuando se habla de prevención del narcotráfico ya no se puede citar solamente las toneladas de cocaína que se evitó que llegaran a Estados Unidos o Europa, sino que también debemos empezar a hablar acerca de qué vamos a hacer con nuestro problema nacional de consumo.



CARACTERÍSTICAS DEL CONSUMO DE PSICOACTIVOS EN COLOMBIA: ESTUDIO DE CASOS



Si nos detenemos a analizar los aspectos del consumo colombiano, encontramos que éste no tiene exactamente los mismos patrones que la mayoría de países consumidores. Aquí se da una serie de situaciones particulares, y casi irrepetibles, que son necesarias tenerlas en cuenta para un análisis del consumo:



Caso clínico



 Si no hay nada que hacer, la edad es lo de menos.



Actualmente, el consumo de psicoactivos ilícitos no se centra en una edad particular, sino que va desde los 7 hasta los 70 años. Las personas que más abusaron de drogas fueron aquellos que estaban sin oficio o actividad reconocida formalmente', es decir, niños y jóvenes que no estaban escolarizados y los adultos desempleados. En los niños y adolescentes puede verse como la escolaridad es un factor protector para el consumo, ya que los niños que abandonan la escuela tienen un riesgo 3 veces mayor de iniciarse en el consumo; también los adolescentes que se atrasan escolarmente tienen 4.4 veces más riesgo de usar drogas frente a aquellos que no repiten años (Osorio, 2004). La curiosidad parece ser el elemento esencial en los primeros ensayos, siendo los hombres quienes más tipos de sustancias prueban; el problema de este uso por curiosidad radica en que 3 de cada 4 jóvenes que alguna vez consumieron por "saber qué se siente" continúan siendo usuarios activos de algún psicoactivo ilegal (DNE, 2004).

Cuando se hace una estratificación socioeconómica, se encuentra que mientras el consumo de bazucó se concentra en los estratos medio y bajo, la cocaína y heroína son más utilizadas por personas de los estratos altos; a pesar que la marihuana es el estupefaciente más usado todos los estratos, su uso es mayor en los estratos medio y alto (Pérez, 1994).[1]















[1] Fernando García M. Consumo de psicoactivos en colombia: situación actual, elementos para discusión y perspectivas de acción. http://www.elportaldelasalud.com. Generado: 1 May, 2011, 22:03